Los clientes de trabajadoras del sexo jugen un papel relevante en la epidemiología del VIH/sida de Guatemala, acuando como puente de transmisión entre el grupo de trabajadoras del sexo y las mujeres de población general.
Actualmente, Guatemala presenta una epidemia de VIH concentrada, superior al 5% en grupos de riesgo. Se ha estimado prevalencia de VIH entre el 3.9-6.3% entre mujeres trabajadoras del sexo (MTS) (Sabidó et al., 2009; Lahuerta et al., 2011) y del 8% entre hombres que tienen sexo con hombres (HSH) (Lahuerta et al., 2011). Escuintla es uno de los departamentos con una de la prevalencia de infección más elevada del país (Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de Guatemala, 2007).
La vía de transmisión más frecuente es la sexual (94.38%) y entre los grupos con mayor riesgo de transmisión encontramos a las MTS y a los clientes de las MTS. Este último grupo es especialmente relevante y se ha definido como 'grupo puente' de transmisión desde las MTS a las mujeres de población general (Sabidó et al., 2011; Alary et al., 2003; Lowndes et al., 2002; Vuylsteke et al., 2003).
La idea de los clientes como grupo puente de infección hacia la población general, infravalora que los clientes también son potenciales transmisores de ITS para las trabajadoras. Si bien es cierto que tanto las MTS como los clientes son grupos de riesgo que acumulan mayor prevalencia de infecciones de transmisión sexual (ITS) y VIH que la población general, se tendría que puntualizar que la transmisión se puede dar en las dos direcciones.
Parece lógico pensar, y así lo muestran diversos estudios y el mismo trabajo de campo que se ha llevado a cabo para esta investigación, que en general son ellas las que tienen un mayor interés en protegerse de las ITS y es un grupo en gran medida concienciado, sensibilizado y, en el caso de las trabajadoras con las que se ha hecho el trabajo de campo, controladas sanitariamente. A menudo, un obstáculo persistente en el uso del preservativo es el rechazo de los clientes que acostumbran a ofrecer más dinero para no utilizarlo. Esta investigación ha querido profundizar en los argumentos y motivos que condicionan este rechazo.
Las MTS se encuentran en situación de vulnerabilidad legal, social y económica que las sitúa en una posición difícil para exigir o negociar el uso del preservativo con sus clientes quienes ejercen frecuentemente un rol de poder más que de responsabilidad en las relaciones sexuales (Porras et al., 2008).
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