25 de noviembre
Día mundial de la eliminación de la Violencia contra la Mujer
Sida y violencia contra las mujeres, dos pandemias por erradicar
**Según datos de ONUMujer, entre un 15 y un 71 por ciento de las mujeres ha sufrido agresiones físicas, sexuales o emocionales en algún momento de su vida.
**El Informe de ONUSIDA indica que en el mundo más del 50% de los casos de VIH corresponden a mujeres y niñas.
“Por el hecho de tener VIH vivo el día a día como si fuera el último. Me infecté en los años 80, era muy joven y poco sabía sobre sexo, mi pareja de ese entonces ejercía sobre mí violencia psicológica para que tuviera relaciones sexuales sin protección. Nunca me atreví ni siquiera a sugerir que utilizáramos preservativo”. La historia anterior es una de muchas que podemos escuchar no sólo en nuestro país sino en diversos contextos en donde los derechos sexuales y derechos reproductivos de las mujeres son vulnerados. Las mujeres pueden sufrir violencias en diferentes grados y magnitudes que las vuelven más vulnerables a diversos estigmas, discriminaciones y al VIH/sida y otras ITS.

30 años después de la notificación de los primeros casos de sida, el número global de mujeres infectadas por el VIH, supera el 50%. Desafortunadamente, esta cifra sigue en aumento: en el África subsahariana, actualmente el 61% de las personas adultas con VIH son mujeres, según ONUSIDA.
Las cifras son preocupantes y aún más, las historias que hay detrás. En nuestro país, la violencia es un factor de contexto que favorece el aumento de casos de VIH. Además, las mujeres que viven con VIH tienen que sumar otras violencias asociadas a su enfermedad como el estigma y la discriminación. Así lo indica el Grupo de Género de REDVIH, que está integrado por más de 80 personas activistas en la prevención y tratamiento del VIH, algunas son profesionales del tema y/o viven con el VIH. Su misión es incorporar la perspectiva de género dentro de los programas de atención y prevención de la pandemia.
Para María Luisa García, psicóloga y miembra del Grupo de Género de REDVIH, “la bidireccionalidad entre el VIH y las violencias contra las mujeres supone, por una parte, se aumente potencialmente el riesgo que tenemos las mujeres de infectarnos por el VIH, y por otra, el aumento potencial de las violencias de género ejercida por los hombres e instituciones hacia las mujeres seropositivas, entendiendo que las violencias contra las mujeres es una vulneración de los Derecho Humanos, y que por tanto se han de buscar los mecanismos necesarios para su erradicación”.
Aunque el interés por entender el vínculo entre VIH y violencia machista ha crecido en los últimos años, lo cierto es que los datos al respecto son todavía relativos debido en parte al silencio y la invisibilidad que acompañan a menudo a estas dos pandemias.
Este vínculo entre el VIH y la violencia contra las mujeres genera vulnerabilidades añadidas para las mujeres. Así se desgrana de los datos que ofrece ONUMujer, donde destacan la violencia machista o el temor a la pareja como principal impedimento o consecuencia para la realización de la prueba del VIH, así como ante el acceso a los servicios y medidas de prevención y contención frente a una posible exposición al virus adhesión al tratamiento.
Las violencias de género junto con otros factores socioeconómicos y culturales hacen que la pandemia del VIH mundial repercuta en mayor grado en las mujeres. Todo tipo de violencias que contemplan agresión sexual, sexo bajo coacción, violencia de pareja, matrimonios de conveniencia o precoces, mutilación o ablación genital femenina, y todo tipo de discriminaciones y violencias menos visibles hacia las mujeres que hacen que las mujeres sean más vulnerables ante la transmisión del VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS).
Estas violencias, sutiles y normalizadas, las que usualmente resultan más difíciles de identificar y por lo tanto, de erradicar. María Lorenzo se infectó con el VIH el año 1992. Su situación de mujer portadora del VIH la ha hecho formar parte en esta lucha contra las estructuras establecidas e incorporar la perspectiva de género a su vida. “La dificultad reside en que resulta extremadamente complejo trabajar en la prevención de la violencia de género, ya sea desde organismos oficiales, como desde organizaciones no gubernamentales, ya que es el propio sistema el que impide que esta prevención resulte eficaz, debido al dominio patriarcal establecido en nuestra sociedad”. Y añade que “la visibilidad de las mujeres VIH positivo implica muchas veces la perpetuación de este tipo de violencias estructurales hacia nosotras: se nos dificulta el acceso al mundo laboral, afecta a nuestras relaciones afectivas y sexuales y añade, por consecuencia, un punto más de vulnerabilidad, por no hablar de sociedades mucho menos protegidas”.
Ante esta situación, María se ha plantado y no quiere continuar perpetuando lo que ella denomina como “micromachismos y violencias constantes”, “hay que trabajar contra la estructura establecida, aunque sea un trabajo complejo. Hay que iniciar este cambio desde cada una de nosotras, y dejar de responsabilizar a las mujeres por las situaciones a las que nos enfrentamos”.
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